Una vez más, mano a mano
estoy frente a este espejo desenpolvado.
Será que nadie nos guió al nacer aquí
y que en este movimiento gravitatorio,
me pregunto, poéticamente, en este acto taciturno:
¿cómo entre las estrellas y el mundo uno sigue siendo?...úno.
Cada medula de los años
vá dejando rastros sinuosos de ceniza
y la mecha del alma, ahora sigue crepitando;
mientras en la rueda la suma se vé ascendente,
solo dudan las velas, por la conciencia reguladora:
pero aún recibo las miradas, que hay detrás de las máscaras.
Tendré que encontrarme siempre
con todos los adornos y juegos contemporáneos,
aquellas imagenes ciclícas, estos anhelos latentes.
Llegué a la costa naúfrago, gasté mensajes embotellados
(ese vértigo sensible, ese tropezón, ese abrazo vital).
Mientras alrededor el estilo de vida nos pretende aislados.
Una vez mas, trazo a trazo
como Nostredamus, interpretamos señalizaciones del devenir;
mientras la información nos confunde el escenario
y entre atardeceres caminados somos irreductibles,
cuando tenemos el pan del sueño y el corazón cansado,
cuando la totalidad no se alcanza: pero la razón late y está a salvo.
Simón de la Cruz Life.
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